Hay una similitud en LAS LLAVES y mi historia, tambien la edad de los participantes.

Recuerdo que siendo muy pequeño, llegó la noticia que un familiar habia fallecido, o bien en La Plata o en un pueblito vecino, Melchor Romero próximo a la Capital de la Provincia de Buenos Aires..

Asi que como era costumario, alli todos salimos bien vestidos, a tomar los colectivos hasta la estación Constitución y de alli, el Bus a la Ciudad de La Plata. Luego de un regular viaje en Bus, llegamos a la casa, donde se estaba velando al difunto.

El patio y el jardin del frente, y la vereda de la calle, tal como se acostumbraba en esos años, estaba lleno de gente, parientes o amigos. Los besos abundaban como gotas de lluvia en un temporal.

No puedo recordar todo lo que sucedió esa noche, posiblemente con los otros niños de mi edad y con poco respeto por el difunto, jugamos y explorabamos el vecindario.

A cierta hora de la noche, me pusieron en un cuarto a dormir. Lo cual no era fácil ya que a cada rato la puerta se abria y alguien entraba y sacaba una botella del armario y se retiraba otra vez al lugar donde todos los amigos y parientes se encontraban. Seguramente velando al muerto, y contando anécdotas de su vida, intercalando unos cuantos cuentos sucios, escuchados en los bares, a los que cada uno concurría. Los mas subidos de tono, se contaban en el patio y la vereda.

Todas las mujeres vestian de negro, muchas con un velo del mismo color en la cabeza, y los hombres con una banda negra en la manga del saco. Era el uniforme que se usaba en aquellos años y la verdad es que la gente no lo hacia, porque era obligatorio, sino que genuinamente sentia el dolor de la perdida, del familiar o amigo.

Logicamente el entrar y salir del cuarto, despertó mi curiosidad y me tomo muy poco tiempo el levantarme de la cama donde estaba y comenzar a hacer mis incursiones al armario, donde encontré unas botellas de Anis 8 Hermanos, supongo que del tipo dulce.

No se cuánto tarde en poner a mi persona en un completo estado de ebriedad y sentirme como si el mundo se hubiera desplomado en mi estomago, arrojando de mi cuerpo todo aquello que habia comido durante el dia, y posiblemente la semana anterior.

Bueno, les diré que en aquel tiempo, una borrachera y menos en la familia de mi madre, todos Ingleses, no era el fin del mundo. Todos se reian y me veian como un héroe a mi corta edad.

Y...SI!...una iniciacion a la vida de un hombre. Aunque yo no me sentía como un orgulloso iniciado al mundo del licor.

Pronto todo cambio, cuando sintiendo lástima por mi, “la Pilila” me ayudó, ella era una jovencita de aproximadamente 13 o 14 años, radiante como el sol, una verdadera belleza, que lo fué por muchisimos años despues del incidente y que era la hermana de una de mis tias, a la que siempre he querido muchisimo; Ustedes pueden imaginarse una niña de piel blanca como la leche, un pelo negro azabache y unos ojos enormes verdosos, ademas encontrandose en pleno desarrollo, con unos nacientes senos bien firmes

Ella se recostó en la cama, me puso a su lado, mi cabeza en sus senos y fue acariciandome hasta que me dormi.

Esa fue mi iniciación al licor, horrible experiencia, jamás me emborraché desde ese dia, pero adquiri un profundo sentimiento por la compañia femenina, mas aun cuando son jovenes y hermosas.

No fuí adicto a la bebida en adelante, pero si a la compañia del sexo opuesto.

NO HAY MAL QUE POR BIEN NO VENGA.


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